ARDO EN LIKES (DÉCIMAS PÍCARAS)

En la onírica pantalla

tu cintura marca el ritmo

alterando el algoritmo

y este cuore de metralla.

¡Miro el móvil y no falla!

¡Presidiario de tus redes

me encaramo a las paredes

cual lasciva lagartija!

¡Si podrías ser mi hija

y ardo en likes por ti, Mercedes!

Quiero ser tu follamigo

y esnifarte hasta el exceso.

Recorrerte beso a beso

rumbo al sur, hacia ese ombligo

(pan crujiente, dulce trigo)

que derrocha primaveras.

¿Minifalda y escaleras?

Sin dudar te cedo el paso

y amanece el cielo raso

con el sol de tus caderas.

Ni Bukowski ni Neruda.

Ni Luis Royo ni Manara.

Un latido que se para

dibujándote desnuda.

Ni Shaolín ni zen ni Buda.

Soy el cisne, tú eres Leda,

la Calipso que me enreda

con su hechizo de iris verde.

Yo el Ulises que se pierde

por tus píxeles de seda.

ÍDOLO DE BARRO

La insípida asonancia de su rima.

La letra que te ofende el intelecto.

La voz de un gato zombie y el aspecto

de un perro rescatado de Hiroshima.

No envidio ni su fama ni el dinero

que la mediocridad cubre y maquilla.

Ni la atención voluble del cotilla

cronista rosa palo, soy sincero.

Ni el oro de Fort Knox compra el talento

ni hay plomo que nivele las balanzas.

Su construcción de naipes y mi viento.

Mi orgullo, sus compradas alabanzas.

Igual que Edmond Dantés, así me siento.

O Pip el de las Grandes Esperanzas.

LORCA Y EL ZEPELÍN

Me gusta imaginarme a Federico.

Dos ojos reflejando rascacielos.

Neón, escaparates, caramelos.

Palomas con ramitas en su pico.

Me gusta imaginarme esa sonrisa

tan lejos de su tumba y de Granada.

Me gusta imaginarme la mirada

del niño que ha trepado a una cornisa

y erguido de puntillas casi alcanza

la miel de Sherezade, la utopía.

Me tiembla el corazón, quiere venganza

por esos ojos suyos… ¿No podría

perderse entre la gente? ¡Lorca, avanza!

¡No vuelvas! Una imagen. Sólo mía.

Inspirado en una carta que Lorca escribió a su familia desde Nueva York, en la que relataba la visión de un dirigible navegando entre los edificios.