Sed de manzana

Te miro y me dan ganas de pintarte.
Te rozo y dedicarme a la escultura.
Tus pasos son de danza, todo es arte:
tu boca, tu cabello, tu cintura…

Botones y corchetes, cremalleras.
Caer es el oficio de tu ropa.
Tacones que bendicen las aceras.
La talla indescifrable de tu copa.

Se pierde el casto nombre de tu espalda
y muerdo la manzana, ¿sabes, Eva?
Qué breve el territorio en que tu falda

compite con tus ligas y se eleva.
Lo juro por tus ojos de esmeralda.
Soy tuyo, pero no caerá esa breva.

Egipto

Egipto se deshace sin nosotros.
Las estrellas se vacían
goteando una luz que no llega al suelo.
Las pirámides son árboles
que caen sin que nadie los escuche,
y el rostro de las esfinges
vuelve a adquirir expresión felina.
No hay momias
bajo las epidermis de oro
y cada leyenda es un periódico de ayer.
No hay paseos junto al Nilo.
Egipto nos espera
y se cansa de esperarnos.

Sólo sombra

Esclavo del capricho de una musa
hoy sufro un gatillazo en mi cuaderno.
Concéntrica y tenaz, muñeca rusa
que rompe mi ambición de ser eterno.

Trepando un muro de agua congelada,
invoco inspiración, pero no llega.
Me frustro, y al final, de madrugada
se pierde sin timón mi pluma ciega.

Quizá si lo intentara desterrando
al duende seductor que me censura,
me digo, y otra vez estoy tirando
la bola de papel a la basura.

Ni el hambre de la lumbre que la nombra.
Ni siembra del asombro, sólo sombra.