Oda a la guitarra

Mi dama de madera, mi mascarón de proa.
Pasando de Pessoa me agarro a tu cadera.
Cantando en una acera o el metro de Moncloa.
Colega en barbacoa, amiga en borrachera.

Los tópicos aparte, las tipas con tu tipo,
me quitan siempre el hipo. Y mi ansia de abrazarte
(es por amor al arte y no un estereotipo)
demuestra que lo flipo. Te toco y vuelo a Marte.

Las vetas del abeto, el dulce palosanto.
El cedro con su encanto de llave y amuleto.
Caoba es el secreto, y el ébano es el manto

nocturno como el canto y oscuro por decreto.
Acaba este soneto y una guitarra planto.
La riego con mi llanto de rima y alfabeto.

Inventario

Hay muertes que no esperan en Samarra
y vidas limitadas a escenarios.
Pavlovas levitando en una barra.
Mendigos que se sienten millonarios.

Hay torres de cristal, ruinas aztecas.
Artistas que dibujan en la nieve.
Hay paces de arsenal, bebidas secas
y un número al azar, sesenta y nueve.

Abismos y galaxias bajo un traje
y magos sin chistera ni conejo.
Hay rutas que mejor sin equipaje

y golpes de poema de Vallejo.
Novelas de verdad, puentes de encaje.
Mujeres que se acercan si me alejo.

Oda a la torrija

Neruda tiene su oda a la cebolla,
la rosa que en el fuego se ensortija
(tranquilos con la rima) y que se enrolla
dorada. Yo le canto a la torrija.

La boca se me inunda de saliva
como si fuera a hacerle un cunnilingus
a Natalie o a Scarlett, u otra diva
del cine con un blues de Charles Mingus

si pienso por azar en su delicia
de leche, pan y huevo rebozante
que alcanza el paladar y lo acaricia

llevándome hasta el cielo en un instante.
Perfume de canela y de malicia.
¡Dame torrija en vena, traficante!

Trueque

Te cambio el Taj Mahal por una esquina,
la danza de Selene en este vaso
y el guiño de una rosa de cantina,
promesa de un deceso con retraso.

Te cambio una mañana de febrero
por un edén interno, brasa y seda.
Te cambio un eslabón por un liguero
y el cisne del ballet por el de Leda.

¿Quién cambia los pasteles por verdura
y un haiku por la ley en veinte tomos?
Te cambio la rutina por ternura.

Te cambio lo que fui por lo que somos.
Te cambio una ecuación por aventura.
¿Te acuerdas, de pequeños, con los cromos?